El concepto
¿Qué es el Ikigai?
El origen de la palabra
Ikigai (生き甲斐) es una palabra compuesta por iki, “vida”, y gai, “valor” o “aquello que vale la pena”. Junta, podría traducirse como “aquello que le da valor a tu vida” o, más libremente, “tu razón para levantarte cada mañana”. No es un término religioso ni una doctrina filosófica formal: es una palabra de uso cotidiano que cualquier persona en Japón podría usar para describir desde su trabajo hasta el primer café de la mañana o el rato con sus nietos.
El diagrama que no es japonés
Si buscás “ikigai” en internet, lo más probable es que el primer resultado sea un diagrama de cuatro círculos superpuestos: lo que amás, en lo que sos bueno, lo que el mundo necesita y aquello por lo que te pueden pagar. Es una imagen elegante y motivadora, pero tiene un problema: no tiene origen japonés. Ese diagrama fue creado en España en 2011 por el astrólogo Andrés Zuzunaga como una herramienta sobre “el propósito”, sin relación alguna con Japón. En 2012 lo retomó el escritor Borja Vilaseca en uno de sus libros, y en 2014 el emprendedor británico Marc Winn lo combinó con una charla sobre la longevidad en Okinawa y le cambió una sola palabra: reemplazó “propósito” por “ikigai”. Esa imagen se volvió viral y terminó instalándose como si fuera la explicación oficial japonesa del concepto. El propio Winn lo reconoció después: tomó dos ideas ajenas, las combinó y compartió el resultado con el mundo, sin tener un conocimiento profundo de la cultura japonesa.
El ikigai real: pequeño, cotidiano y plural
Para la mayoría de las personas en Japón, el ikigai no es una misión grandiosa que hay que descubrir antes de cierta edad. Es mucho más modesto: el jardín que cuidás, el grupo de amigos con el que te juntás una vez por semana, una afición, un nieto, un oficio. Una encuesta reciente de una aseguradora japonesa relevó las fuentes de ikigai de más de 1.400 personas: en promedio, cada una mencionó entre ocho y nueve fuentes distintas, no una sola. El ikigai no tiene que ser rentable, no se encuentra de una vez y para siempre, y puede cambiar con los años sin que eso sea un fracaso.